viernes, octubre 09, 2009

Ellen von Unwerth


Tant són en mi envellits los mals hàbits
que la virtut al gustar m'ès amarga

Ausiàs March

lunes, octubre 05, 2009

Jarabe para la tos


(Ilustración de Brendan Monroe)

El mensaje llegaba después de hacerse esperar el tiempo suficiente. Sabía que me escribirías, aunque después de todos estos postdesayunos a solas creía que ya no lo harías, que todo se había quedado detenido en nuestra despedida y en un par de llamadas posteriores para verificar que nuestro deseo mutuo seguía intacto, tal y como lo habíamos dejado en el rellano de la escalera.
Ninguno de los dos introducía palabras que no estuvieran acordes con los textos anodinos que nos caracterizaban, pero sabíamos que no era necesario llegar a la poesía para notar en el cuerpo lo que había estado surgiendo durante todas las mañanas de la primavera pasada; cuando tú venías con las legañas de esa noche y yo todavía tenía pelo de almohada.

martes, septiembre 29, 2009

Jesse Marlow


Hoy te vi.

Ahora tienes el pelo negro, como renegando de la rubia platino que llevas dentro. ¿Qué hay de la femme fatale que volvía loca a sus padres por los problemas que se tejían en su entrepierna?
Vi como esquivabas a los fantasmas del metro para poder salir a Plaza Cataluña; el mismo compás en tus caderas, a la deriva, como un soplo de viento que abre todas las ventanas de repente.

No me has visto, lo sé. Sólo yo lo he hecho. Te he mirado; te he estudiado. He intentado comprender de qué se escondía S. esta vez .

Me pregunto de qué hubiéramos hablado de haberse cruzado nuestras miradas. Quizás de la nada, como siempre; pero qué quieres, nunca pierdo la esperanza. Veo tus labios carmín disparándome palabras de amor-cliché, enlatado, enviándome cuchilladas verbales de esas que tanto te gustan; para que me las crea y poder reírte.

Puede que mañana te salude.

martes, septiembre 22, 2009

Nils Jorgensen

Dos meses después, la mujer del abrigo rojo intenta ponerse de nuevo las baterías que la obligaban a escribir incansablemente de todo y de nada.

Sus esfuerzos, últimamente, se habían quedado inmóviles en la rutina de las barras de los bares por los que había estado haciendo amigos que no volvería a ver.

Acababa de poner el punto final al libro que siempre quiso escribir y que hasta este verano nunca se atrevió a mostrar.

Ahora callejeaba por una ciudad nueva en busca de nuevas aventuras que contar a sus intrigantes lectores.

La mujer del abrigo rojo, en cierto modo, renacía.

sábado, julio 25, 2009

Christian Coigny



Cuando tu primer cuerpo desnudo
el viento silbaba por las rendijas
de nuestro refugio
acariciando las persianas leopardo
que nos moteaban las anatomías,
se paseaba sobre los muebles que
nadie se había parado a limpiar
y el polvillo se nos presentaba
en la penumbra duermevela
como polvo de hadas en un cuento
para púberes adultos.

Las voces vecinales de la mañana
murmuraban críticas destructivas
ajenas a nuestras actividades
extraoracionales y copulativas,
estudiábamos los polifemos
jugando a los cíclopes
y la dame sans merci
se colaba entre tus dedos.

Seguíamos las lecciones
agolpadas en las bocas, en los cuellos,
y con los minutos corriendo
comprendías aquello del locus amoenus
desde el que llegar finalmente
a cabalgar sin descanso
en la parte más heroica,
las novelas de caballerías.


miércoles, julio 22, 2009

Martin Fuchs


El tiempo es un caballo que llora como una máquina sentimental. Escribo en la copa del árbol de los día poemas en prosa y libros de colores. Mi hijo se ha dormido en lo más profundo de sus zapatos y hay un reloj de pulsera fornicando en algún sitio con la eternidad. Espero que una mujer desnuda me llame por teléfono para invitarme a la vernisage de sus pechos. Octubre es lúcido como un matemático y extenso como la actualidad. No sé qué voy a hacer esta tarde, pero me gustaría amar a una muchacha que no tuviera un empleo fijo, o sentarme a leer en el parque, a la luz de los eclipses. Sea como fuere, enjabono mi cuerpo y me siento a esperar que la teoría de la relatividad llame a mi puerta.


Francisco Umbral
Mortal y rosa

Brendan Monroe


Los únicos en pisar la Luna fueron dos jóvenes que paseaban de la mano
por las calles de Gijón
mientras se juraban amor eterno


Lo siento por Amstrong y Aldrin...

lunes, julio 20, 2009

Narelle Autio


Era imposible sustituir hechos con palabras

que se nos escurrían entre los dedos como arenisca encontrada tras un día de playa

se deslizaban entre nuestras manos

se caían al suelo rotas en mil pedazos

y finalmente se iban de viaje con el viento traidor.